Dentro del bosque tenebrosamente oscuro
El camino se adentraba en el bosque tenebrosamente oscuro , nombre maldito que conservaba desde tiempos inmemoriales, acuñado a través de generaciones de hijos de aldeanos que en apuros económicos, se perdían por parejas en su interior, llevando consigo una hogaza de pan. Y de las caras. Giraba y serpenteaba siguiendo las formas de las colinas que le albergaban, pobremente iluminado por millares de luciérnagas y lamparas de aceite que se apostaban sobre tétricos postes de madera cada veinte metros. Al crujido de sus pies en el camino, le acompañaban el ulular de los búhos, el ruido de los roces de algo tenebrosamente siniestro más allá del camino y esa sensación que sueles tener de presentir que no estarías mal como primer plato de alguna horrenda criatura del bosque tenebrosamente oscuro. Después de un recodo, el camino atravesaba un arroyo de alma negra por un puente de piedra de dos carriles erigido por las manos de vaya a saber ...