Dentro del bosque tenebrosamente oscuro

 

El camino se adentraba en el bosque tenebrosamente oscuro , nombre maldito que conservaba desde tiempos inmemoriales, acuñado a través de generaciones de hijos de aldeanos  que en apuros económicos, se perdían por parejas en su interior,  llevando consigo una hogaza de pan. Y  de las caras.

Giraba y serpenteaba siguiendo las formas de las colinas que le albergaban, pobremente iluminado por millares de luciérnagas y lamparas de aceite que se apostaban  sobre tétricos postes de madera cada veinte metros. Al crujido de sus pies en el camino, le acompañaban el ulular de los búhos, el ruido de los roces de algo tenebrosamente siniestro más allá del camino y  esa  sensación  que sueles tener de presentir que no estarías mal como primer plato de alguna horrenda criatura del bosque tenebrosamente oscuro.

Después de un recodo, el camino atravesaba un arroyo de alma negra por un puente de piedra de dos carriles erigido por las manos de vaya a saber  que demoníacas criaturas. La figura embozada, atravesó con paso firme el puente, decidida a cumplir su destino y de paso darnos a nosotros la oportunidad de continuar con nuestra historia.

— Pche , pchee, perdoón figura embozada , perdoooón —quien dirigió estas palabras era una anciana aldeana, agarrada del brazo de otro anciano, el cual portaba debajo lo que parecía media hogaza de pan con mucha historia detrás.

— Si no es molestia, ¿ podría ayudarnos?, verá , hace tiempo que nuestros padres nos trajeron a pasar un día en familia en el campo a mi hermano y a mí. En un momento dado mis padres nos propusieron jugar a la búsqueda del tesoro,  por si tardábamos nos dieron una hogaza de pan y este mapa, y la verdad es que no entendemos muy bien lo que pone..

La figura embozada se acerco a ellos y negó con la cabeza

— Solo queremos saber cual es el camino que lleva al cráneo del pirata enterrado. Pero estos ojos nuestros nos fallan debido a la  pobre iluminación que hay en este bosque.

— No saldréis nunca, es vuestro destino permanecer aquí. Todo lo que conocisteis ya no existe — dijo la figura embozada.

— Oiga oiga, que tampoco hay que ponerse desagradable, vayámonos Herminio, otro día horrendo que tendremos que pasar en esa horrible casa de mazapán y turrón.

— Me pido primer para el spa.

— Tú te callas idiota, a papa que vas a ir.

Y así los dos ancianos aldeanos, agarraron su tacataca perdiéndose en la oscuridad del  bosque tenebrosamente oscuro.

— Hay gente que no saben cual  es su perrrsonaje  ¿verrrdad pequeña? — dijo una voz detrás de la figura embozada.

Se dio la vuelta y voy a una figura alta, iluminada por luz de la lampara de aceite del tétrico poste donde estaba apoyado.  Elegantemente vestida con un trajes de tres piezas de color gris, nariz pronunciada, ojos grises y orejas puntiagudas que, mientras hablaba,  hacia girar con la mano derecha un reloj de bolsillo. Inspiro fuerte complacido por lo que olía.

— ¿Y  que hace una nena a estas horrras por el bosque tenebrrrosamente oscurrro? — dijo, levantado las cejas repetidamente.

—  Desde luego, no voy a casa de mi abuelita.

—  yap, entiendo, o sea que  tampoco te quieres meter en el papel, una cosa te voy a decir, así no hay manera de hacer las cosas bien — dijo mientras se acercaba a la figura.

— Voy al corazón del bosque, a la casa negra , donde no eres bien recibido , y haz el favor Josh que ya tienes unos años para hacer lo mismo siempre que me ves.

El lobo hombre se paro en seco 

— Oooooopssss, ya sabía yo que tu olor me resulta conocido errr, qué te iba a decir , esto no ha pasado ¿ vale? Que yo solo hago mi papel, ya sabes: acento raro, postura inquietante, para los turistas nada más, pero ¡ojo! Con profesionalidad.

—  Anda, tira para casa y dale recuerdos a tu madre.

— De tu parte Lau…

— Chissttt!!!, nada de nombres , y vete ya.

Josh despareció detrás del poste.  Se oyó un “choffff”.

— ¡Mierrrda de bosque, mierrda de vacas sueltas y mierrrda todo ! — la frase de josh se quedo flotando en el aire.

El camino, se dividía en tres ramales, la figura decidida optó por el cuarto camino, el  no evidente después del puente.

Y después de una ligera subida, el camino moría en un claro del bosque, a las puertas de una valla de madera que rodeaba una casa negra, a dos aguas , con jardín delantero.

Decidida, atravesó  fue a agarrar la aldaba de la puerta cuando esta se abrió con un chirrido que hizo que varias lechuzas de los alrededores levantaran el vuelo.

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