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Dentro del bosque tenebrosamente oscuro

  El camino se adentraba en el bosque tenebrosamente oscuro , nombre maldito que conservaba desde tiempos inmemoriales, acuñado a través de generaciones de hijos de aldeanos  que en apuros económicos, se perdían por parejas en su interior,  llevando consigo una hogaza de pan. Y  de las caras. Giraba y serpenteaba siguiendo las formas de las colinas que le albergaban, pobremente iluminado por millares de luciérnagas y lamparas de aceite que se apostaban  sobre tétricos postes de madera cada veinte metros. Al crujido de sus pies en el camino, le acompañaban el ulular de los búhos, el ruido de los roces de algo tenebrosamente siniestro más allá del camino y  esa  sensación  que sueles tener de presentir que no estarías mal como primer plato de alguna horrenda criatura del bosque tenebrosamente oscuro. Después de un recodo, el camino atravesaba un arroyo de alma negra por un puente de piedra de dos carriles erigido por las manos de vaya a saber  ...

Llegada al bosque

  El carruaje sin distinción  alguna se detuvo en el límite del bosque, al comienzo de un sendero que se adentraba en lo más profundo del tenebroso bosque. La puerta se abrió y descendió una figura totalmente embozada, no permitiendo que ojos indiscretos reconocieran su identidad. — Esperadme aquí, no deseo  que me sigáis. Cuidad del carruaje y estad presto a partir — dijo la figura embozada al conductor del carruaje. — Pero, ¡majestad!,— dijo el conductor echando pie a tierra-, ¡juro por el honor de mi familia que no permitiré que su alteza vague sola por el bosque tenebroso y oscuro sin compañía alguna ¡. — ¡Silencio Lord Ausmand!, he dicho que no me sigáis, esto he de hacerlo yo sola. Preciso es. — ¡Es mi honor el que esta en juego!, ¿no soy acaso el descendiente de aquel que arremetió con fuerzas desiguales en la batalla de Yhn contra el enemigo?, ¿Y no fue mi abuelo , cuya sangre corre por  mis propias venas el que lanza en mano acabó con el último dragón que ho...

Lo que viene siendo el comienzo

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  Érase una vez, en una tierra muy lejana, existió un reino rodeado de bosques, donde su gente prosperaba y vivía en paz con los reinos vecinos. Este reino estaba gobernado por un rey y una reina que administraban el reino con equidad y sabiduría. Todo en él era perfecto, excepto por un pequeño detalle: la reina no se quedaba encinta  y eso los llenaba de inquietud y amargura por el destino del reino. Los años pasaban y la descendencia tan deseada no llegaba, mientras, el rey se desesperaba al ver como su amada iba marchitándose, ensombreciéndose su carácter ya de por si un tanto jodido. Pero una primavera, justo cuando nubes negras se cernían sobre el destino del reino, la reina, con las mejillas sonrosadas comunicó al rey que estaba encinta. Cuando la reina dio a luz, la alegría en el reino se desbordo  y por más de una semana los habitantes del reino cantaron, bailaron bebieron y engendraron futuros súbditos del reino por el feliz acontecimiento. Y fue una niña, llamán...